Historia y Crítica
Reyes, magos y actores

Jack Warner sj



ABCDE Llegan a la iglesia una hora antes para el último ensayo. Luego empieza a llegar la gente a cuenta gotas, unos por pura costumbre, otros por curiosidad. Lo más han oído que algo está pasando en la iglesia. Los ruidos de caballos y gallinas se mezclan con los gritos de los vendedores ambulantes, y los que no caben dentro salen a la calle y se acercan según el ritmo de la Misa. Los pequeños se sientan en los alféizares de las ventanas, aprovechando cualquier espacio vacío.

Ha terminado la segunda lectura y es el momento de leer el evangelio. Un grupo sube en fila al presbiterio y anuncia: "Dramatización del Santo Evangelio". Se hace silencio, los cuellos se estiran, y los chavales de las ventanas aparecen entre las piernas de los adultos sentados en primera fila. Por encima de los gritos y rumores del exterior, se representa el evangelio.

El Padre Jack Warner llegó a Honduras hace doce años soñando que el teatro podría ayudar al pueblo de aquella empobrecida nación centroamericana a descubrir su identidad y su fuerza."El arte y la religión tienen las misma raíces humanas" decia. "Brotan de nuestra necesidad de estar en contacto con algo más allá de nosotros ,más allá de nuestra pequeñez humana".

teatro la fragua se formó a la ventura y contando con la oración. Casi ninguno de sus componentes tenía experiencia teatral, pero Warner descurbró más de un talento entre la gente joven. El centro lo instaló en un caserón de madera que había servido para albergar un club de golf en la ciudad de El Progreso, junto a la costa norte del país. La incipiente compañía de teatro comenzó los ejercicios físicos y el adiestramiento elemental que necesita todo actor, y los muchachos tomaron la cosa con gran seriedad: teatro la fragua es una compañía profesional cuyos actores trabajan a tiempo completo en el teatro.

Los cinco primeros años crearon varias representaciones, una de ellas sobre el origen mitológico del maís y un drama sobre las relaciones de un bracero y su amo terrateniente. En 1984, cuando el P. Warner regresó a Honduras una vez completados sus estudios, dirigió una representación muy moderna basada en relatos bíblicos, pero el final era débil y para darle una conclusión digna añadió elementos tomados de un relato medieval del Nacimiento.

Aquel pequeño apéndice fue el comienzo de un giro importante en la compañía teatral. Esta volvió su atención a las iglesias desparramadas en el norte del país. El P. Warner celebraba ya la misa dominical de los niños y quería añadir un elemento dranático. Así es como comenzó a tomar forma la dramatización de los evangelios. Se empezó con el relato de Juan Bautista y luego se añadií la historia de la creación, basada en el prólogo del evangelio de San Juan. El nuevo proyecto se llamoacute; ¡El Evangelio en Vivo!.

Hubo más. George Drance, estudiante jesuita de la provincia de Wisconsin, pasó el verano de 1986 dando clases de danza a los actores. Más tarde Michael Warner, hermano del director de la compañía, añadió el elemento musical incorporando villancicos en los relatos.

Entretanto, el sueño de un pueblo que está encontrando su voz por medio del teatro se sigue extendiendo. teatro la fragua ha organizado clases en Belize y Nicaragua y ha realizado dos giras en los Estados Unidos. Los actores que ha formado en las aldeas siguen dramatizando los evangelios y comunicando un mensaje de esperanza a gente que tiene hambre del sentido de su propia dignidad.

"Yo quedé enamorado de la cultura y pueblo latinos", dijo el P. Warner en un documental sobre el teatro la fragua. "Pero también me impresionaban la pobreza y la opresión existentes en esa cultura / y cómo su misma riqueza es el resultado de su explotación.

"Había que hacer algo para remediar eldesdquilibrio. Unos lo harán por medio de programas de nutrición, centros médicos, etc. Yo no se hacer esas cosas. Lo que yo se hacer es teatro".


Tiempo de Navidad. En el norte, las lluvias, algo retardadas por las tormentas que se desencadenaron por diez y nueve días consecutivos en octubre, se han llevado los puentes. Escasea el azúcar y falta la leche, porque las grandes centrales lecheras se la llevan toda. Casi ha acabado la recogida de alubia en los valles altos, y la cosecha de café está pronta en las montañas. Los cafeteros ganan cincuenta céntimos por galón que recogen, y un joven fuerte podrá recoger unos ocho o nueve galones al día. Honduras no conoce las vacaciones invernales de las tierras de más al norte; tampoco hay vino y apenas hay pan. Las tradiciones eclesiásticas nacieron en suelo europeo e ignoran el hecho de que aquí el verano es sencillamente la temporada seca y el invierno la de las lluvias.

Pero hay otra cosecha pronta para la siega en las montañas y los valles, una cosecha sembrada y cultivada por teatro la fragua. Chito y Oscar, Moncho y Obdulio, Rigo, Mario, Guillermo, Edy y Luis la han cuidado con mimo y se encuentran con que cuanto más la reparten más se extiende. Cada temporada trae mayores demandas de los frutos de esa cosecha. La dramatización del evangelio ha echado raíces.

La Misa ha terminado. Veinticinco muchachos ocupan el presbiterio, momentáneamente convertido en escenario, y anuncian: "El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera". En un momento desaparece un grupo de actores y queda otro grupo solo en el centro.

"En el año quince del imperio de Tiberio César", anuncia una voz joven recién adiestrada, tímida al comienzo pero cobrando confianza conforme los ojos del público contemplan el extraño espectáculo.

Los mismos chavales de antes encuentran nuevos espacios entre las piernas de los que están en primera fila. Y entonces sale de entre la gente un Juan Bautista de piel curtida gritando "¡Raza de víboras!". Cuando Herodes manda a apresar a Juan, la impresión es tremenda.

Y entonces los tres muchachos de Las Delicias (una aldea a tres horas de todo tráfico rodado) dan un paso adelante y ocupan deliberada, confiadamente, el proscenio. Tres chicos de no más de trece años (hijos hondureños de padres guatemaltecos), con sonrisas tan redondas como sus caras mayas, sugieren que hay que contar la historia con orden "para que conozcáis la solidez de las enseñanzas que habéis recibido".

Una muralla de rostros humanos se levanta de pronto desde el suelo hasta donde un chico puede alzarse encima de un banco: rostros negros y morenos, dientes de oro y bocas desdentadas, caras arrugadas y caras lisas y brillantes - todas pendientes de un relato de hace dos mil años que nunca pensaron en relacionar con la realidad que viven.

La exuberancia, el orgullo, la admiración por su competencia recién adquirida levanta a estos tres chicos por encima de cuanto han podido soñar, convierte el relato evangélico en algo que su analfabetismo no permitía a este público descubrir, y la atención les tiene atenazados. Les atenaza la misma presencia física de estos tres chicos tan llenos de brío y natural dignidad, como si fueran ángeles de carne y hueso. Este auditorio de campesinos no sabía que la persona humana (de cualquier edad) pudiera tener tanta fuerza, fuerza que viene de la energía, del deseo y del trabajo duro; del alma y no del fusil; la fuerza de la esperanza, no del temor.

teatro la fragua organiza sesiones en el norte de Honduras a lo largo de todo el año litúrgico. Los grupos que acuden aprenden dramatizaciones de textos bíblicos para los diversos tiempos litúrgicos que luego puedan representar al volver a sus pueblos, pero además adquieren experiencia y adiestramiento para hacer ellos mismos sus propias dramatizaciones de las lecturas evangélicas dominicales. Conforme corre la noticia en las parroquias, cada sesión atrae nuevos grupos aún de aldeas que antes no habían enviado representantes.

Desde comienzos de noviembre, el esfuerzo se concentra en los relatos de la infancia de Mateo y Lucas. Los grupos llegan el jueves por la tarde y trabajan hasta la noche del sábado bajo la dirección de un miembro de teatro la fragua.

Cada grupo elabora el número de relatos que puede: los más expertos tres y los novatos uno o dos. Las diversas escenas se acoplan luego para formar una secuencia que empieza con la predicación de Juan Bautista en el desierto, como prólogo, y termina con la matanza de los inocentes, los "niños subversivos". La secuencia incluye los relatos de Zacarías e Isabel, la anunciación de los ángeles a los pastores y la visita de los tres reyes magos.

Las sesiones culminan con la Misa dominical. Los grupos se reúnen para visitar la iglesia de algún pueblo de la parroquia. En Honduras, una parroquia comprende normalmente una extensa zona con cien y más aldeas. Los domingos los grupos se juntan para representar la secuencia completa de los relatos que han aprendido.

Esta secuencia refleja los autos sacramentales de la Europa medieval. Los de Daniel y Herodes fueron los primeros dramas representados fuera de la liturgia. Los dramas del siglo XII se representaban en la iglesia pero pronto adquirieron independencia. La gente no tenía que trabajar en los campos durante las Navidades, por lo que podían emplear el tiempo preparando las representaciones. Las escenas bíblicas se representaban como cuadros vivos sobre carros que iban de aldea en aldea. Para el nacimiento de Jesús, por ejemplo, José y María se colocaban con el Niño en medio. Poco a poco la acción dramática fue sustituyendo al cuadro vivo.

La secuencia de Navidad enseñada por el teatro la fraguaestá basada en otra obra del siglo XII, el "Auto de los Reyes Magos". Aunque el nacimiento de Jesús es el tema central, el drama desarrolla lo que ocurre después de nacido el Niño y la acción comienza con la llegada de los pastores y los reyes.

Las dramatizaciones evangélicas son sencillas y hacen uso de un narrador que comenta la escena representada por los actores. La técnica es la elaborada en Chicago por Paul Sills para cuentos infantiles tales como "Las mil y una noches" y es la mejor para escenificar el evangelio de Marcos, que contiene más acción que largos discursos.

Su estilo visual se inspira mucho en pinturas medievales y renacentistas, que no tratan de recrear históricamente escenas del tiempo de Jesús. Peter Brueghel, por ejemplo, en su "Censo en Belén", pinta a María y José cuando llegan a una aldea holandesa de principios del siglo XVI. No trató en modo alguno de mostrar la Judea del siglo I; su Belén representa niños patinando en un estanque helado.

teatro la fraguautiliza estas pinturas como referencia visual para la colocación de los actores y para crear un cuadro plástico por el que un público que no sabe escuchar puede entender con la vista. Al mismo tiempo, imita el método de estas pinturas y sitúa sitúa los relatos en una aldea hondureña de hoy. Eso es lo que da vida al Evangelio.

Una semana más tarde veinte chavales se han reunido en la ciudad de Bonito Oriental para ensayar las dramatizaciones Navideñas. Oscar Cardoza, su mejor danzante y director en ciernes, prepara la escena de Juan Bautista, sacada del tercer capítulo de Lucas.

De pronto se oye la llegada de un camión cargado de caballos y vacas y media docena de soldados que aparcan en frente de la iglesia. Los soldados saltan a tierra, se acercan a la puerta empuñando sus armas, y se asoman para ver lo que pasa dentro. En el presbiterio, dos actores que hacen el papel de soldados preguntan al Bautista: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?". Oscar, con mucha prudencia, grita: "¡Corte!", y se pone a arreglar el atuendo del Bautista.

Después de unos minutos y los soldados se aburren y el camión con las provisiones confiscadas se aleja. Oscar puede continuar su ensayo. Juan Bautista mira con ojos llenos de indignación a los soldados y responde a la pregunta que había quedado pendiente de respuesta:

No hagáis extorsión a nadie,
ni os aprovechéis con denuncias,
sino contentaos con la paga.

Los actores hacen una pausa espontánea; de repente han entendido lo que quieren decir las palabras evangélicas y su elocuente condena de los que quisieran poner las leyes de la autoridad militar sobre las leyes de Dios.

teatro la fragua ha producido así una nueva generación de actores, una nueva generación de soñadores de pies descalzos, llenos de orgullo, indígenas - en las carreteras fangosas, bajo los tejados de hojalata y ramas de palmera, junto a cerdos y gallinas, cabras, caballos, perros, bueyes, iguanas y tarántulas.

Es un teatro candente y pedregoso, brotado de la tierra. Sus actores no se excusan de no poder permitirse el lujo de limpiarse los zapatos del barro que se les pega, porque la fuerza les viene de ese barro, de ese aire, ese fuego y esa agua. Es un teatro crudo y duro, en una tierra barrida por los huracanes, llena de plátanos y de pobreza. A veces es primitivo y tiene que ganarse espectadores entre reyertas, inundaciones, recogidas de cosechas y el analfabetismo cultural que las autoridades de las capitales extranjeras han forzado sobre el país.

Es un teatro tenaz que rehúsa doblegarse ante las riadas, la falta de fondos, los apagones y riesgos personales muy reales. No es un teatro para gente delicada ni para los que fácilmente se atemorizan Es teatro la fragua. Como profetizó Isaías.

De las espadas forjarán arados;
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.

[Publicado en JESUITAS: Anuario de la Compañía de Jesús, 1993.]

-Jack Warner sj






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