alta es la noche





Alta es la noche y Morazán vigila.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes

Cinta central, américa angostura
que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo
cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa
nacida en el combate de la espuma.

Te desmoronan hijos y gusanos,
se extienden sobre ti las alimañas
y una tenaza te arrebata el sueño
y un puñal con tu sangre te salpica
mientras se despedaza tu estandarte.

Alta es la noche y Morazán vigila.

Ya viene el tigre enarbolando un hacha.
Vienen a devorarte las entrañas.
Vienen a dividir la estrella.

Vienen,

pequeña América olorosa,
a clavarte en la cruz, a desollarte,
a tumbar el metal de tu bandera.

Alta es la noche y Morazán vigila.

Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.

Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.

Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila.)

--Pablo Neruda



El 4 de abril de 1843, fueron fusilados en la plaza pública del pueblo de Ilamatepeque (hoy Ilama), departamento de Santa Bárbara, Cipriano y Doroteo Cano, acusados de ejercer la magia entre las gentes del pueblo y de tratarse con el Demonio.

Los hermanos Cano fueron soldados del General Francisco Morazán; después del fusilamiento de éste en San José de Costa Rica el 15 de septiembre de 1842, regresaron a Ilamatepeque, su pueblo natal. Encontraron un pueblo consumido por la ignorancia y la superstición, cuyas autoridades eran partidarias de los enemigos de Morazán: Francisco Ferrera (entonces presidente de Honduras) y Rafael Carrera.

Los Cano no estaban contentos con la situación de Ilamatepeque; trataron de poner en práctica los conocimientos adquiridos durante sus viajes con el Gral. Morazán: entre sus delitos era él de proponer un programa de alfabetización para el pueblo.

La sentencia fue desenterrada (algunos dicen que "inventada") en 1901 por el escritor José María Tobías Rosa. Basándose en este documento y en la Reseña Histórica de Centroamérica del Dr. Lorenzo Montúfar, el novelista Ramón Amaya Amador escribe Los Brujos de Ilamatepeque, obra que sigue al pie de la letra la sentencia dictada contra los Cano. El aporte creador del novelista consistió en imaginar las circunstancias de los hechos ya recogidos por la crónica e insertarlos como parte de la cotidianidad del pueblo donde tuvieron lugar.

El Ministerio de Relaciones Exteriores comisionó a teatro la fragua una obra teatral para celebrar el bicentenario del nacimiento de Morazán; Alta es la Noche se estrenó en el Teatro Nacional Manuel Bonilla el 17 de septiembre de 1992.



Recuerden que ninguna revolución existe si no es en la juventud,
donde renace, cae, nace, perece, y vuelve a nacer.

Recuerden que el ansia de la libertad
duerme en la sangre de los espíritus
y que únicamente nacemos para renovarlo.




Desde su fundación (1979), teatro la fragua de la ciudad de El Progreso (costa norte de Honduras), tuvo como objetivo realizar un teatro popular, de raíces fuertemente afincadas en el contexto global del país. Su fundador y director, Jack Warner, sin contradecir dicha meta, poco a poco, logró formar un grupo cada vez más profesional, con incorporación de música y danza como parte consustancial del espectáculo escénico.

Con trece años de trabajo ininterrumpido, en 1992, se lanzaron a un proyecto ambicioso: la adaptación de la novela Los brujos de Ilamatepeque de Ramón Amaya Amador. Al realizarlo, incorporaron textos de El General Morazán marcha a batallar desde la muerte de Julio Escoto y fragmentos de los poemas "Romance de la muerte de Francisco Morazán" de David Moya Posas y "Morazán" de Pablo Neruda.

El resultado fue un espectáculo dinámico en el que -- siguiendo lineamientos del teatro épico, especialmente en lo concerniente al distanciamiento brechtiano y a la presencia constante de un narrador -- hubo canto, música y algunas formas de danza contemporánea.

Warner no cayó en la trampa discursiva. Con una certera visualización de los ricos diálogos de la novela de Amaya Amador, los parlamentos siempre son breves y apuntan a lo concreto. Repárese, por ejemplo, en la escena en la que oímos a los hermanos Cano contando sus hazañas:

SERAFÍN
¡A la gran chucha, debe querer güevos entrar en una batalla!

CIPRIANO
Güevos pero pesados. Hasta los más valientes temblábamos al comenzar la pelea.

LUCAS MONTOYA
¿Ustedes temblaban?

CIPRIANO
El único que no temblaba, que nunca tembló, era mi General Morazán.

(....)

CIPRIANO
Nos pepenaron a tiro limpio y a boca de jarro. Yo recibí un balazo en la pierna...

El fragmento permite observar otro elemento muy rico: la incorporación de formas del habla popular que le prestan vivacidad a los diálogos. En el mismo plano cae la inclusión de una tonada popular, adecuado contrapunto a las nostálgicas estrofas de Moya Posas. Pero también, Warner, sin perder lo popular, logra momentos de evidente connotación poética:

"Una humazón bruta se levantaba y el olor a pólvora se metía en la sangre, como también la sangre humana reventaba cuando les entraban las balas a los cristianos y quedaban con un grito mochado en la boca o llorando en la agonía."

"El viento suave y cálido pasaba levantando hojas del patio sin barrer y donde las yerbas iban nuevamente conquistándolo todo. Muchas estrellas indiferentes allá arriba y cucuyos parpadeantes en los montes, esparcían pequeños hilos de luz."

(Voz correspondiente al narrador cuando evoca el encuentro de Cipriano y Eulalia.)

Asimismo, fue acertada la incorporación de textos de Julio Escoto para el momento de la muerte de los Cano. Los mismos corresponden al fusilamiento de Morazán pero resultan convincentes aplicados a quienes, más que sus soldados, fueron sus discípulos. El solemne canto final, con el texto de Neruda, cierra la bien lograda obra.

--Helen Umaña: Francisco Morazán en la Literatura Hondureña, pp. 231-233.



Durante una semana, del 16 al 21 de septiembre, se realizó en el Teatro Nacional Manuel Bonilla, de Tegucigalpa, el festival de teatro morazánico, evento bastante esperado por los teatristas, intelectuales y público interesado en el quehacer artístico hondureño.

Este fue, quizás, el mejor homenaje que se hizo a Francisco Morazán en el bicentenario de su nacimiento, pues el hecho va congruente con el espíritu

y la visión amplia del héroe al proporcionarle esmerada dedicación a la educación y la cultura centroamericana y en este aspecto está la trascendencia de su pensamiento y accionar de hombre culto y patriota....

El teatro la fragua de la ciudad de El Progreso, presentó el día 17 la obra: ALTA ES LA NOCHE, una obra agradable, sencilla, sin grandes pretenciones a nivel de espectáculo. El trabajo actoral logra mantener la atención del público durante toda la función, hecho que se logró a base de elementos importantes en el teatro: la actuación, el desplazamiento, la música y la gracia natural extraída de los diálogos de la novela mejor lograda de Ramón Amaya Amador, con los textos adicionales de Julio Escoto: El General Morazán marcha a batallar desde la muerte y la poesía de David Moya Posas y Pablo Neruda.

Edilberto Borjas Guzmán
(TIEMPO, 26/11/92)






ALTA ES LA NOCHE





Obra basada en la novela
Los Brujos de Ilamatepeque
de Ramón Amaya Amador

Adaptación de teatro la fragua

Música de José Obdulio Cueva y Edilberto González

Textos adicionales de
"El General Morazán Marcha a Batallar desde la Muerte"
de Julio Escoto;
"Romance de la Muerte de Francisco Morazán"
de David Moya Posas;
"Morazán"
de Pablo Neruda.

Copyright © 1998 por teatro la fragua
Todos derechos reservados



Reparto
(Versión de 2002)


Doroteo Cano:

Rigoberto Fernández

Cipriano Cano:

Wilson Manrique Gómez

Lucas Montoya / Gervasio Lázaro:

Yester (Yuma) Estrada

Cristóbal Montoya / Antonio Tróchez:

Héctor Lezama

Serafín Montoya / Juan Anteportam López:

José Ramón (Chito) Inestroza

Tobías Cortez / Rogelio Lázaro:

Esteban Canales

Camilo Torres:

Carlos Mario Castro

Lupe Torres:

Jesús Cerrato

Eulalia Durán:

Gimena Cartagena

Gente del Pueblo:

Maureen Zaldívar
Olivia Carranza
Julissa Reyes


Operador de música:

Herlyn Espinal

Música original:

Edilberto González & José Obdulio Cueva

Música incidental:

Domenico Scarlatti
Francisco Couperin

Diseño de iluminación:

Jack Warner

Vestuario:

José Ramón (Chito) Inestroza

Administración:

Walter González
Lizeth Alvarez

Coreografía:

Carlos Manuel Pérez

Técnico de luces:

Walter González

Dirección artística:

Edy Barahona

Dirección teatro la fragua:

Jack Warner sj






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